«El reto más complejo al enfrentarme a un personaje, es el espejo, porque cada personaje es un reflejo de una parte tuya».
Mi nombre es Miguel Urrutia, hago cine hace más de 20 años y tengo esa extraña maldición de «hacer de todo» que tenemos los cineastas independientes, pero tal vez mi punto de inflexión más complejo ha sido «SexAPP», un guion que estoy desarrollando hace varios años, y que ha puesto de patas arriba mis conceptos sobre el amor, las relaciones y mi propio roll en el mundo.
En mi caso, al escribir el personaje de David (el protagonista de la película y de alguna forma mi propio reflejo) este escenario resultó mucho más complicado porque tal vez es la primera vez que lo estoy haciendo conscientemente. Es la primera vez que intentó volcar en un personaje todos mis conflictos internos en relación al punto de quiebre más fuerte que tengo en mi vida «entender si soy capaz de amar».
En este caso, creo que todos los personajes intentan cubrir un pedazo del espectro de la sexualidad humana, y la gran dificultad que enfrento es mi piso ético como autor; pararme frente a personas qué no piensen como yo y plantearles una postura ética y correcta de la realidad.
Incluso está implícito ese objetivo de ser realmente disruptivo, romperle al espectador su propia escala de valores y confrontarlo a un marco que le permita tener tener la mente abierta frente a su propia forma de amar y relacionarse con los otros.
Crear un personaje representa construir toda una cadena de valores, y una serie de conflictos basados en sus propios problemas internos. Aquí es donde está mi conflicto, «no tener suficiente información» o simplemente no estar seguro de mis propias conclusiones.
Claramente no estoy haciendo un tratado médico ni científico sobre el tema, pero siento la necesidad de ser honesto frente a lo que he concluido y construir parámetros serios desde la honestidad y desde la razón.
¿Cuál es la dificultad que enfrenta mi personaje?… Cuál es el conflicto central en mi película?
SexAPP trata sobre personajes que toman la decisión de vivir el 100% de sus dimensiones sexuales y emocionales, y todo esto en una sociedad que plantea problemas de fondo basados en etiquetas sociales que dificultad está apertura, también la construcción de relaciones serías éticas y profundas desde una sexualidad diversa.
Estoy basando la problemática de mi película en 4 puntos que considero son las causales más grandes que dificultan el relacionamiento humano.
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Primero: el amor romántico como un defecto genético de la evolución.
Estudiando un poco a Helen Fisher en su libro «Anatomía del amor» encuentro un argumento muy poderoso: Cómo el enamoramiento romántico profundo es un estado dominado por la oxitocina, que según ella, se desarrolla como un proceso evolutivo para crear vínculos fuertes y monógamos entre el padre y la madre que permita garantizar el desarrollo del hijo en una sociedad primigenia.
Pese a qué – en lo personal – encuentro este argumento demasiado cientificista y reduccionista desde una perspectiva darwiniana, tengo que admitir que concuerdo con esta idea, (qué te pasó y qué decir, si está soportada con mucha data dura,) y me ayuda a entender algunas mecánicas obsesivas que dominan la toxicidad romántica.
El problema para mí, radica en que el mundo ha cambiado mucho, y los mecanismos que sirvieron a nuestros antepasados para que nuestros hijos tuviesen más privilegios que los de al lado, ya no son aplicables en nuestra sociedad moderna.
La misma Helen Fisher plantea que la la sociedad moderna ya no es monógama, ella define la «monogamia en serie» Cómo es la estructura relacional que rige a la sociedad moderna y creo que esto define muy claramente el mundo que vivimos; personas que pasan por varios matrimonios con varios hijos de diferentes padres, algo así como una especie de ruleta rusa en la cual el destino permitirá que alguno de ellos te ayude a criar a tu hijo.
Entonces aquí ya no aplica esa función original del enamoramiento romántico, y vemos como con mayor frecuencia ese «enamoramiento» se convierte en un proceso que puede ser suplido por un personaje imaginario, por un actor de cine o incluso, por un satélite en la relación.
¿Y cuál es mi problema con esto?… Que al margen de ya no ser funcional (o por lo menos no mucho en un espectro amplio) nos distrae de establecer conexiones más profundas, acordes con proyectos de vida funcionales para el individuo y muchas veces nos hace caer en un romanticismo fantasioso y poco práctico, que en mi concepto puede ser la causa de muchas de las actitudes tóxicas en las relaciones modernas.
Por eso concluyo que el enamoramiento romántico, más que una virtud idealizada a la cual todos deberíamos llegar, es uno de esos aspectos en la evolución del ser humano que debe “evolucionar».
El cántaro del amor.
La gente cree que el amor tiene una cantidad limitada. Es como un cántaro lleno de agua, el cual tienes que dosificar de lo contrario se agotará porque es finito.
El problema es que esto no es así. Es como el amor de una madre con sus hijos; el hecho que tenga varios no le resta amor a cada uno. Creo que comúnmente confundimos atención con amor, celos con amor, enamoramiento con amor…
Paradójicamente mientras más amor das, más amor creas. Amar a varias personas debería permitirte ampliar tu capacidad de amar, sin embargo este estigma social de la finitud del amor nos lleva a dosificarlo, a limitar lo que sientes por el otro e incluso, a no darnos el permiso de amar simplemente por esperar la oportunidad o la persona adecuada.
Al final del día, creo que el amor sí es como un cántaro, pero que se llena cada vez que lo vacías y si no lo haces, el agua se estanca.
La pereza romántica
Una de las cualidades más negativas del cerebro es su capacidad reduccionista, aquella que nos lleva a simplificar todo lo complejo en etiquetas simples. Creo que sin este mecanismo sería prácticamente imposible tomar decisiones o simplemente vivir, el gran problema es que aplicamos esto de forma generalista cuando nos enfrentamos al amor, y precisamente el romanticismo ha creado una cantidad de etiquetas sociales que son terriblemente nocivas para la interacción humana como: novios, amantes, prometidos, esposos, amigos con derechos…
No quiero que se me malinterprete, pero está visión reduccionista está creando muchos problemas sociales; por ejemplo la etiqueta de «noviazgo» compromete una serie de exclusividades sexuales , afectivas y románticas que incluso están desactualizadas para los tiempos que vivimos.
Es muy extraño (y algo perturbador) ver como dos perfectos desconocidos luego de algunas cuántas horas de interacción terminan involucrados en este «contrato social» simplemente con pronunciar en conjunto las palabras «somos novios» y automáticamente cambian su comportamiento, libertades y actitudes.
Evidentemente estás etiquetas simplifican muchísimo la interacción social, y general normas y pautas qué son útiles, sin embargo para mí el problema de fondo aquí radica en que también se están obviando elementos, que desde mi humilde opinión, resultan mucho más importantes y trascendentales para construir una relación seria y profunda.
Pienso que cualquier relación debería basarse en una honestidad plena y completa, en un diálogo tan profundo que permita conocer los deseos y propósitos más profundos de cada persona y en cada dimensión de su vida, para así lograr una negociación plena que permita construir una relación realmente funcional.
Creo honestamente que las etiquetas sociales son parte de eso que yo llamo «pereza romántica» y es simplemente encajar dentro del molde de estas etiquetas para no tener que establecer un diálogo profundo.
La necesidad del amor total
Creo que uno de los conceptos que más daño le hace a la humanidad es esa visión idealizada de dos medias naranjas acompañándose en sus últimos años de su vida tomados de la mano viendo el atardecer.
Esta es una hermosa visión romántica que alimenta esa necesidad que tenemos de amar y ser amados, de encontrar un sentido en la vida y garantizar la felicidad en nuestra vejez, sin embargo esta es una realidad que resulta aplicable únicamente para un porcentaje muy pequeño de personas en la vida… y no solamente por la increíble ruleta rusa que representa encontrar a esa persona en 100 millones qué resulta 100% compatible para ti, el verdadero problema de fondo es que son muy pocas personas las que vienen predispuestas genéticamente para vivir este tipo de vida, me refiero a poder plegar su vida plenamente al otro.
Vivimos inherentemente inmersos en una necesidad de amor total, se busca y se desea que la persona amada se convierta en el único referente posible del amor, qué satisfaga plenamente tus necesidades románticas, sexuales y afectivas… que reemplazará el amor de tu madre, de tus hermanos y de tus amigos.
Está necesidad del amor total en el otro se ha convertido en una especie de obligación social, se ha convertido también en la horma que debe llenar la persona amada y es profundamente injusta, porque niega la libertad de amar profundamente en aquella dimensión que realmente importe.
Esto crea un paradigma bastante negativo, distorsiona la visión del otro y logra que el contacto no sea suficiente.
Sí fuésemos capaces de romper este concepto entonces podríamos entender qué el amor por un amigo no compite por el amor a un amante.
Creo que tal vez uno de los sentimientos más destructivos en una relación es esa sensación de no ser suficiente para el otro, o sentir que el otro no es suficiente para llenar esas expectativas sociales que las etiquetas nos han creado.
Cada ser humano es un universo complejo y existen tantas formas de amar como personas en el mundo.
Mi conclusión…
David es un tipo que está perdido y al final en mi película él no va a encontrar las respuestas. Creo que es un mensaje que le quiero dejar al espectador, quiero que al final del día, cuando usted vea reflejado en ese espejo tenga herramientas para poder encontrar sus propios conflictos.
En el caso de David, él descubre un profundo bloqueo a amar, y también acepta qué tiene ese problema y que debe encontrar cómo solucionarlo.
Más que una película con respuestas busco crear espejos en los cuales nos podamos ver reflejados, podamos entender diferentes problemáticas y creemos un diálogo interno que nos ayude a entender el mundo que vivimos.